Las distintas maneras de argumentar

¿Tantas estrategias hay?

Dime a quién le vas a argumentar y te diré qué recursos utilizar. Hay tantas estrategias para argumentar que, apenas uno las conoce, entiende que ha vivido cuasi engañado todo este tiempo en que venía mezclando felizmente recursos de distintas disciplinas.

No hay una sola definición de “argumentación”, porque en realidad la argumentación es un “accionar”, un poner en movimiento distintos recursos para lograr un objetivo: convencer a un otro de la verdad de lo que uno dice.

Aquí tenemos dos elementos clave:

🪶 El otro, es decir el destinatario.
🪶 Los recursos, es decir, la manera en que se combinan las palabras para lograr un efecto en el otro.

El destinatario

Antes de ponerse a pensar en todos los artilugios mentales para demostrar nuestras certezas absolutas, lo primero que debemos hacer es averiguar a quién en concreto vamos a destinar nuestras palabras: ¿un abogado de la otra parte? ¿Un juez? ¿Un defensor oficial? ¿Mi jefe? ¿Mi empleado? ¿Un grupo de personas?, ¿qué personas?

Las características del destinatario orientarán la selección de información, la manera en que la presente y el análisis, es decir, los argumentos que yo provea sobre esa información.

Si el destinatario es una persona con formación profesional y muchísima experiencia en el asunto, si lo subestimo, le comento obviedades o intento imponer mi visión sobre el tema; difícilmente acepte lo que yo tenga para decir. 

Este destinatario experimentado no caerá fácilmente en mis intentos por “tocar su corazón” o conmoverlo, si opto por usar estrategias de la Retórica. Tampoco recibirá pasivamente algún ataque frontal, si elijo algunas herramientas de la Dialéctica. Tal vez, me convenga usar las maneras que provee la argumentación filosófica para lograr, al menos, captar su atención. 

Si, por el contrario, mi argumentación va dirigida a un destinatario inexperto que apenas entiende el tema, alcanzará con que mencione un par de cuestiones básicas de manera convincente, relacione dos ideas y formule una conclusión rápida.

Resulta que es el destinatario, y no quien escribe o habla, el que va a dirigir la toma de decisiones al momento de planificar la estrategia argumentativa. Por tanto, ya se puede ir desterrando la idea de que hay un “argumento-caballito de batalla” o una manera “irrebatible” de argumentar que funciona siempre y en todos lados.

Los recursos

Innumerables maneras hay de darle forma a las ideas, infinitas las posibilidades de la lengua escrita. Solo las reglas gramaticales restringen la disposición de los elementos. Cuando se dominan las reglas de la lengua, se abre una suerte de portal de creatividad y también se plantean varios juegos lingüísticos con sus propias pautas.

Al momento de argumentar, el escritor (o el orador) decide en cuál de los juegos comunicativos se va a embarcar. Juego entendido como repertorio de prácticas comunicativas. Ya nadie discute en el siglo XXI que toda argumentación es un acto de habla, en pocas palabras, un intercambio entre dos o más personas. Se trata de un tema muy complejo que estudia una de las áreas de la Lingüística.

Así, llegamos por fin al menú de posibilidades para argumentar:

• La retórica
• La dialéctica
• La teoría de la argumentación 
• La lógica
• La pragmadialéctica
• La Nueva Retórica
• La gramática argumentativa
• La argumentación oral
• La perspectiva semántico-lógica
• La argumentación jurídica

Rápidamente puede apreciarse que habiendo tantas ramas de la disciplina, resulta que no es tan sencillo dominarla. Por eso los libros del tipo 10 consejos para ganar una discusión no son más que maniobras editoriales divertidas para pasar el rato.

Cada una de estas disciplinas tiene sus principios, fórmulas, algunas recetas rápidas también, sus puntos débiles que invitan a las falacias y autores que las han estudiado a fondo. Ya sabemos que Aristóteles fue el que impuso su Retórica como punta de lanza para los pensadores que lo siguieron.

A medida que uno estudia más sobre el tema, descubre autores nuevos y ramas específicas. Invito siempre a los lectores de mis notas a indagar en la bibliografía específica si quieren dominar con maestría el arte de argumentar.

Los desafíos de argumentar en Derecho

Para dejar abierta la puerta, resta decir que, en el ámbito jurídico, además de la argumentación jurídica, conviene conocer la teoría de la argumentación y la nueva retórica para elaborar escritos.

Aquellos profesionales que deben litigar oralmente, conviene conocer las artes de la Retórica, la dialéctica y la argumentación oral, porque las reglas cambian cuando las personas están presentes. El entrenamiento en oratoria se vuelve fundamental para cobrar seguridad al plantear los argumentos, sin perder de vista que la comunicación no verbal pesa tanto como la verbal. Por lo tanto, no se trata de trasladar lo que dice el escrito a una situación presencial, sino combinar los recursos del escrito con las estrategias de la argumentación oral.

Con el correr de las notas de esta sección, iremos incursionando en las técnicas que fortalecen la argumentación escrita en ámbitos profesionales.

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