Y sí, un pantano, donde las aguas se estancan por el hábito de escribir siempre así. Todo el mundo lo usa, en todos lados se ve, por lo tanto, no puede ser un error gramatical. Qué bella falacia la del ad populum, gracias a la cual nos sentimos tan acompañados en nuestra errada creencia.
Bien, resulta que usar “el mismo” o “la misma” como equivalente a “este, ese, dicho, etc.” constituye un error que condena la gramática sin juicio previo. En la jerga de los lingüistas se lo denomina “uso anafórico de el mismo/a”, es decir, utilizar esta expresión para remitir a un sintagma (con junto de palabras) previo. En criollo: cuando se intenta remitir a alguna cosa que se escribió antes. Vamos con un ejemplo:
Los peritos cuantificaron los daños, siendo los mismos de un valor de 10.000 dólares.
¡¿En serio está mal escrito?! Escucho la indignación de quienes leen estas líneas. Pues sí, y no solo los mismos, sino también el gerundio, sobre el que hemos hablando en otra nota. Primero hurguemos en el manual de gramática, cualquiera sirve. Allí encontraremos que la expresión “el mismo/la misma” sirve para dos cosas:
🪶 Enfatizar al sustantivo que la precede. Requiere, por tanto, combinarse con un sustantivo, puesto que funciona como cualquier adjetivo. Entonces, el uso debido es:
- El abogado mismo se tomó el trabajo de visitar a la inmobiliaria para averiguar por qué se demoraba la operación.
- Quien acompañó a la damnificada fue la médica misma, no hubo nadie más que estuviera presente.
🪶 Equiparar dos elementos
- El examen que me tomaron fue el mismo que el año pasado.
- El juez que salió sorteado fue el mismo que falló en la Causa Mengánez c./Pirúlez
Ahora veamos un típico lodazal al que todo abogado está expuesto en su vida cotidiana:
❌ Vengo por el presente a promover formal demanda por daños y perjuicios contra la empresa T. SA., con el objeto de que la misma resarza los perjuicios económicos como consecuencia del accidente de tránsito ocurrido el pasado 12 de mayo. Mientras circulaba a bordo de mi vehículo por la intersección de las calles San Martín y Belgrano, un colectivo de propiedad de la demandada embistió el mismo en su lateral izquierdo. Como consecuencia de dicho impacto, la estructura sufrió graves roturas y la misma quedó completamente inutilizada.
A simple vista se observa los problemas de estilo del ejemplo; por más que se entiendan las referencias, la necesidad de remitir hacia “atrás” perjudica la fluidez del escrito. Existen recursos para referirse a alguna palabra precedente que cumplen con las reglas gramaticales: su, lo, la, él, ella son los más convenientes porque no tienen una carga semántica al remitir a antecedentes y referentes como los pronombres demostrativos: este/a, ese/a, dicho/a, aquel/lla. Es un milisegundo, pero el lector debe buscar hacia atrás dónde está la palabra que corresponde al este, esa, dicho, lo cual retrasa la lectura o ―a menos― implica buscar para atrás en el texto, en lugar de avanzar.
Pero lo más importante: muchas veces ni siquiera hay que buscar un reemplazo de el mismo/a, sino que simplemente cabe eliminarlo, siempre y cuando no se altere el sentido de la oración.
El ejemplo se puede corregir así:
✅ Vengo por el presente a promover formal demanda por daños y perjuicios contra la empresa T. SA., con el objeto de que la misma resarza los perjuicios económicos como consecuencia del accidente de tránsito ocurrido el pasado 12 de mayo. Mientras circulaba a bordo de mi vehículo por la intersección de las calles San Martín y Belgrano, un colectivo de propiedad de la demandada lo embistió en su lateral izquierdo. Como consecuencia del impacto, la estructura sufrió graves roturas y el mismo quedó completamente inutilizada.
Nótese que se eliminaron dos “mismos” sin cambiar el sentido: la misma resarza, el mismo quedó, ni falta que hace escribir “con el objeto de que esta resarza” o “sufrió graves roturas y esta quedó completamente inutilizada”. A su vez, se cambió uno por “lo” y de paso cañazo cambiamos el “dicho impacto” por “del impacto”.
En definitiva, la salida del pantano es más sencilla de lo que parece, se puede dar oxígeno al estilo cuando se identifica dónde están las palabras que enmohecen la escritura.
